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lunes, 14 de mayo de 2018

Atrapasueños (la niña que miraba las estrellas)

Una vez más y dejándome llevar de la mano de Gine, acepté este reto que me devolvió algo de mi infancia.
Una consigna simple: elegir una imagen,e introducir un listado de palabras para elaborar un texto o un poema que nos condujera al mundo de los sueños, donde nada puede pasarnos. "Atrapasueños."

Gracias Ginebra Blonde! Eres estupenda!

Aquí dejo mi aporte, un poema que me ayudó a volver a sentir a aquella niña tímida y callada que fui.






Yo era la niña que miraba las estrellas
cuando llegaba la oscuridad
con su negra capa,
y al filo de la ventana
para poder ver el cielo
me abrazaba  a su silencio
plagado de luces titilantes.
Era el beso de la noche
que me llevaba al sueño.
Y mi imaginación
Subida al columpio de la vida
volaba feliz a las estrellas
donde no había miedo
ni pesadillas.
Luciérnagas cristalinas
tapizando el espacio
de mis sueños.
Y yo creía ser
el espejo de cada una
brillando entre mi pelo
cuando por fin
podía acariciarlas
envolviéndome en su luz.
No existía más deseo,
más locura
que deslizarme suavemente
por ese espacio feliz
donde 
solo necesitaba un cuento
para sentirme a salvo.






Puedes leer todos los textos participantes en el siguiente enlace:




https://ginepg.wixsite.com/autores/lunaroja

Puedes verlo en este estupendo recopilatorio en forma de video:





viernes, 4 de mayo de 2018

el amor

En la sagrada escritura del amor
los ojos se convierten en brevedad,
sin el orden que trae
el saberse de carne y hueso
y decir lo más irracional.
No sé,
podría ser
la inocencia del silencio
o que la noche
es imponente
así como está.



(imagen recogida en Google)

lunes, 23 de abril de 2018

Equus

Y yo te encuentro
en el pálpito de tus ingles.
Ese espacio
que llena y penetra.
Que se ajusta a mi boca.
Que no deja de latir
dentro.
Húmedo.
Potente.
Sólo asi
puedo perder
la cordura 
de los años.



( Imagen recogida en Google)

viernes, 13 de abril de 2018

Liturgia


Donde quedó el atrevimiento del verso?
Donde las palabras?
Losa de silencio habitándome,
y sin embargo
nada cambia.
El papel vacío
en toda su crudeza
escarba la tierra seca
de mi alma
para desenterrar la luz.
Adeudo lo inaceptable
como si eso fuera a traerme
la liturgia de la lengua,
la poesía exacta.
Intacta.
Extrema.
Y no habrá verso
si mis ojos no reparan
en la textura certera
de la palabra.






Imagen recogida en Pinterest:  http://www.celesteciafarone.com/

martes, 3 de abril de 2018

olvido


Hacía tanto frío
en ese espacio
de rocas y peces muertos.
Ese lugar extraño
en donde se había perdido
el aire,
donde los huesos
se ahogaban sobre la orilla
 y desnudas de luz
huían las sirenas
olvidando sus nombres.
Hacía tanto frío
en el muro gélido
del agua.



jueves, 22 de marzo de 2018

pequeños secretos.



Luna tiene los pezones morenos y tiernos. Cuando se los acaricia se encienden y ella se deleita viéndolos oscurecerse aún más.
Hace calor en la habitación, la hora de la siesta ha caído sobre la casa de verano y mientras todos duermen, a ella le brillan los ojos como la miel.
Frente al espejo las manos aprenden un nuevo recorrido sobre el cuerpo que de pronto ha cambiado, que se despereza inquieto. Sus pequeños dedos descubren las promesas que se esconden entre el vello suave y oscuro cubriendo la hendidura invisible del dulce sexo.
Pero sabe que su hermoso triángulo guarda una promesa desconocida, por eso su dedo se desliza abriendo e indagando y siente la humedad que lo envuelve de un calor algo pegajoso.
Va tocando, palpando esa piel diferente y cálida, siente un enorme placer y se inquieta, su boca se seca, sus ojos se cierran y su dedo juega a perderse, a subir y a bajar por su sexo buscando esa sensación que la llena .
Su negro pelo se derrama en flecos húmedos sobre la espalda mojada de sudor.
Separa las piernas y siente entre los dedos, una almendra de fuego que late gozosa entre pliegues sonrosados que despiertan al tacto. Arde de placer, su coño se empapa y ella suspira. Sus caderas se agitan y sus manos se concentran en frotar, en seguir más, mucho más.
Un gemido entrecortado despierta a Mar, que se incorpora escuchando como vuelve a repetirse. El calor la arranca de la cama y desnuda camina en puntas de pié por el pasillo.
Se acerca silenciosa siguiendo el rastro del sonido que la lleva a la puerta entornada del cuarto de su prima. Apoyándose apenas en el marco de la puerta se asoma y la visión del cuerpo de Luna envuelto en la luz dorada de la tarde, con su cabello lacio cayendo por la espalda, la atrapa en una espiral de calor y no puede dejar de mirar el recorrido que los dedos trazan en la piel morena de esa niña mujer que se masturba frente al espejo.
Se queda quieta para mirarla en silencio mientras siente como la humedad de su sexo la moja y la agita. Conteniendo la respiración aprieta los muslos sintiendo su clítoris latir con intensidad.
Súbitamente solo desea tocarla, lamer esos pechos recientes, acariciar el pubis con delicadeza. Se roza los pezones que están duros y sus dedos tiemblan de deseo al enredarse en el vello ardiente, pero en el momento en que intenta acomodarse mejor, mueve la puerta que cruje suavemente, entonces Luna se gira sofocando un grito al verla.
Mar, que sabe el secreto que guardan las ingles, se lleva un dedo a los labios pidiéndole silencio y entra en el dormitorio cerrando la puerta tras de sí. Están solas y desnudas, se miran con curiosidad y alegría, examinando cada centímetro de sus pieles tan diferentes que contrastan llenas de sensualidad. Luna, morena y espigada, con suaves curvas adolescentes, y ella blanca y carnosa, con su ondulado cabello pelirrojo y su pubis de fuego ensortijado.
Mar sonríe, y lentamente le toca los pechos, acaricia con delicadeza su tersura, y se inclina para lamer los pezones que se tensan al sentir la lengua caliente. Luna cierra los ojos, se sumerge inquieta en ese nuevo universo que la envuelve y que no quiere dejar de sentir. Se deja chupar, acariciar, no quiere que acabe nunca. El espejo las refleja bañadas por la magia del deseo y el contraste de sus pieles, hace ese instante perfecto.
Rozan sus pezones, se aprietan, palpan con avidez la carne encendida. Y por fin sus lenguas se encuentran, Luna es besada por primera vez, el placer es desconocido y feroz, por eso, cuando la boca de Mar tantea la suya, ella abre los labios y la recibe dejando que las salivas se mezclen sintiendo las dos el rastro tibio de sus jugos entre los muslos.
Shh! Murmuran riendo, con el corazón al galope, con los sentidos desplegados, cayendo felices en la cama sin dejar de acariciarse.
El calor se cuela por sus cuerpos estrechamente apretados, gotas de sudor resbalan por la piel mezclándose con el vello de sus sexos que se frotan. Uno pelirrojo con suaves labios mojados, y el otro moreno húmedo y abierto.
Entrelazan las piernas moviéndose en una danza íntima.
Mar pasea su lengua por tiernos rincones, chupa los pequeños pechos que se tensan al contacto, lame sus pezones erectos, le roza el ombligo y su rojo cabello se desliza como un río de cobre por el vientre de Luna que se abre como una flor.
Va besando el pubis y con el dedo masajea la hermosa hendidura, ese clítoris turgente que se moja aún más con la caricia.
La punta de la lengua sigue el mismo recorrido, lo lame golosamente oyéndola jadear y mover las caderas camino al orgasmo.
Entonces con el deseo de darle el mismo placer, Luna se gira colocándose sobre ella, con su pubis al alcance de la boca de Mar, y ve ante sus ojos como se abre el brillante sexo de su prima, sintiendo que si besa ese coño pelirrojo, morirá de gozo.
Un placer prohibido y morboso que le ha abierto las puertas de lo desconocido.
El cuerpo de Mar, suave y pálido tiembla cuando Luna pasa la lengua por todo su vientre y la hunde con hambre entre sus ingles.
El gozo es infinito, los sexos brillan húmedos y las lenguas beben, se detienen lamiendo y haciendo vibrar cada milímetro de sus clítoris tensos que se abren al deleite.
Los latidos que invaden a Mar la catapultan al orgasmo, y se entrega con un largo gemido, invadida por la inmensa ola de placer tan ansiado. Satisfecha hunde a su vez la lengua entre los pliegues de Luna,succionando y apretándose contra las nalgas morenas, besa su sexo haciendo círculos empapados de saliva.
 Sus manos acarician el trasero, la cintura y por fin Luna se corre, feliz y libre agitándose en cada contracción de ese orgasmo largo y poderoso.
Con suaves murmullos se dejan caer en la cama, suspiran aún estremecidas de placer. Apenas corre una ligera brisa que marca el comienzo del atardecer.
Los cabellos húmedos y despeinados dibujan extrañas formas en la almohada y los cuerpos sudorosos recuperan la calma.
Se besan una vez más, reconociéndose después del juego y del dulce descubrimiento que las une.
Luna y Mar son ya las dueñas de sus cuerpos jóvenes y libres, abiertos al deseo de volver a tocarse urgentes en cada rincón de la casona, a rozarse fugazmente bajo las sombras o en las siestas perezosas de ese verano inolvidable. Guardando cuidadosas sus pequeños secretos.





(imagen recogida en Google)

jueves, 8 de marzo de 2018

sombra

No me hables
con esa voz líquida y procaz,
con ese lenguaje
que apenas puede adivinarse
entre las huellas
que el invierno
no reconoce.
Enmudece de una vez
en medio de este naufragio.
A un lado la sed
y al otro el delirio.
Lo que trato de decirte
es que ahí afuera
hay una vida llena de furia.
Elige tu pecado,
escribe la ausencia de las horas,
la semejanza de los días,
y recoge los huesos
a los pies de tu cruz.

 Ahora
en el tiempo de las grietas
el cristal del miedo
se quiebra.




(Imagen recogida en Google)

miércoles, 28 de febrero de 2018


"Con el Alma en la Luna" es una idea que nace de la necesidad de dos mujeres, dos seres, dos amigas con las almas inquietas, de crear algo que nos conecte más allá de la literatura.

Un espacio que invite a entrar en contacto con vivencias que vayan más allá del acto de escribir relatos o poemas.


Los invitamos a pasar por allí y descubrir una manera diferente de encontrarnos!

Sean bienvenidos! (piquen en el enlace)

Alma Baires y lunaroja

https://almaeluna.blogspot.com.es/




jueves, 15 de febrero de 2018

La tormenta




“Tan absurdo y fugaz es nuestro paso por el mundo, que solo me deja tranquila el saber que he sido auténtica, que he logrado ser lo más parecida a mi misma que he podido”.(Frida Kahlo).

Cerró el libro y miró por la ventana. La frase que cerraba el epílogo de la biografía de Frida Kahlo, resonaba en su cabeza.
Esa increíble mujer que había logrado derribar todas las barreras, clavada en la cruz de su lecho, y aún así logrando respirar vida, fuerza, desde ese dolor inenarrable.
Miró la luna llena atravesada por una negra nube como si fuera un antifaz fúnebre.
Al fin y al cabo, tenía que suceder alguna vez.
Era algo lógico a partir de que su mente se había abierto a otras posibilidades.
Lo que sucedía era, que llegado el momento en realidad no sabía cómo iba a reaccionar.
Por entonces se contentaba con elaborar extraños proyectos y situaciones donde salía invariablemente victoriosa, sin heridas ni dudas, era como una luz repentina que la llenaba de placer anticipado.(quizás esa fuera la llave que abriera la puerta de su libertad)
Pero en esa ínfima zona oscura que latía allí dentro suyo, que la hacía vulnerable y pequeña, la duda se removía inquieta.
Era tan difícil...tan potente la ansiedad...tan necesaria la nostalgia de la cual prescindir para empezar.
Aún estaba en el borde del abismo, con los pies quietos y los brazos queriendo extenderse en toda su capacidad como alas blancas, como caballos desbocados, como la arena.
Había transitado el pánico.
Por la cobardía de no saber morirse, la angustia de sentir lacerantes torturas que la ponían al borde de la muerte. Por no poder siquiera acercarse al teléfono y quedar muda de miedo.
Cada herida se mostraba aún sangrante en su alma que intentaba en vano cicatrizar.
Los espacios se iban empequeñeciendo aún más, reduciéndola a un mundo nebuloso donde no había lugar para respirar y sentirse viva. (“como si un revólver apuntara a su sien y unas esposas apretando sus muñecas fueran su sentencia de muerte”)

Una a una, las ramas de su vida se habían mutilado a golpe de palabras y puñetazos, y en sus ojos se apagaba lentamente el sutil equilibrio que la mantenía en pié, como una vela agonizante y deshecha.
El tiempo del llanto silencioso, el de las manos vacías, el del aliento contenido iba cerrándole el corazón a modo de letal hechizo.
Tanto dolor cada vez que se palpaba el cuerpo castigado.
El intenso morado de los golpes.
Y ella con sus alas plegadas, donde escondía a esa pequeña niña esperanzada, que le acariciaba el sueño por las noches.
Comenzó a respirar un día, otra vez...una mañana helada, helado el día. Helada de terror ella.
Helada de rabia y desconsuelo, con todo el frío amontonado golpeándole en el pecho, sumergida en la bañera, limpiándose el espanto, sintiéndose viva otra vez de puro horror. Se miró al espejo y se tocó el alma.
-Ya no me queda mucho tiempo- dijo.
Se reflejó en sus propios ojos que le devolvieron la propia mirada, bien hallada otra vez.
Bienvenida y poderosa.
Esa recuperada sensación la empezó a recorrer como una savia nueva que desatascó cada pedazo reseco y muerto dentro de ella.
Como el alimento vital que llega por fin.
Con un gesto pausado fue abriendo lentamente los brazos hasta extenderlos, siempre mirándose, sin despegarse de sus ojos.
Sus hermosos brazos.
Luego, muy despacio formó un cuenco con sus manos, las llenó de agua, tan fría, que cuando las primeras gotas salpicaron su cara las sintió como infinitas agujas.
Entonces , con exquisita lentitud, deslizándose como una gata, siendo extremadamente consciente de cada movimiento y de cada sensación apagó la luz del baño.
Puso algo de ropa en el bolso azul de siempre y al llegar a la puerta, al final del pasillo tan oscuro, se revivió de repente en un útero estrecho, en el que solo podía ir hacia delante...
Pegó con cinta adhesiva un papelito blanco : Adiós.
Abrió la puerta, su moto la esperaba inmóvil y amigable y que la inundó en cálido gozo, el mismo que sentía de niña cuando sentada en su jardín envuelta en luz, disfrutaba del inmenso y humilde placer de comerse una piruleta. Respiró hondo y salió envuelta en el torrente de sol invernal.
Como alas blancas. Como caballos desbocados.
Como la arena.




Una  vez más, Ginebra logra hacer belleza de nuestras palabras...siempre GRACIAS!

(puedes pasarte a leer preciosísimos textos y poemas)






martes, 6 de febrero de 2018

luciérnagas

Hay mariposas
que se vuelven orugas,
y medusas
que mueren ahogadas
en su propio veneno.
Y también hay luciérnagas
que encienden la noche.
Pequeñas y humildes.
Esas son las que se encuentran.






Decidí unir mi poema a este regalo que me deja Auroratris, en un momento difícil de esta semana...
Gracias infinitas.
Hay muchas luciérnagas iluminándome la vida.


viernes, 26 de enero de 2018

hiedra

En esta historia mínima,
donde la luna
cae de mis brazos
y se detiene
en esta piel
doblegada de deseo,
camino de puntillas
por el espacio
infinito de tu sexo.

Y ahí te quedas
detrás del pliegue crudo
de la distancia,
en el agrio conjuro
que me muerde
reclamándote,
y en el mudo acertijo
que a tientas
te desnuda
en mi memoria.


(poema recuperado)



lunes, 15 de enero de 2018

El beso

Una vez más, sumándome al reto propuesto por Ginebra Blonde en su blog:


Esta vez el desafío es elegir una puerta, un argumento que nos sumerja en un relato que surge de esa imagen y de esa propuesta.

Y como siempre una vez más, ella hace la magia!
Elegí esta puerta...





Participo con este texto:

EL BESO

Siempre pedía lo mismo: té negro, sin azúcar y muy caliente.
Ese extraño personaje del que todo el pueblo murmuraba y del que nadie conocía apenas nada, tenía algo en su manera de mirar que lo hacía irresistible. Cada día, el tintineo de la campanilla de la puerta de la cafetería donde ella trabajaba, anunciaba su llegada. Y cada día quedaba atrapada en la turbadora presencia que proyectaba ese hombre misterioso. Siempre solo, siempre serio y silencioso, bebiéndose el té y leyendo un libro. Todas las tardes a la misma hora. Y a pesar de que no se atrevía ni siquiera a hablarle más allá de un saludo educado y tomar su pedido, esperaba ansiosa el instante en que como siempre, levantara la vista y la paseara en un lento e interminable recorrido hasta que por fin, sus miradas se encontraban y ella sentía que su respiración se detenía cuando sus ojos caían en el pozo negro de esa mirada. Ese duelo silencioso duraba el tiempo justo para que su corazón se disparara. Estaba segura de que él lo sabía. Por eso, no se extrañó aquella tarde en que al mirarse, él le sonrió brevemente y ella tembló, imaginando como sería besar esa boca carnosa.
Entonces levantándose de su mesa, se acercó a ella y le susurró- “Quiero conocerte, estaré esperándote fuera cuando termines tu jornada”. Y sin esperar respuesta salió a la calle.
 Su boca se secó súbitamente y sintió que le faltaba el aire. Se debatía entre el deseo y el miedo. -Por qué no?- se dijo.
Las horas pasaron con implacable lentitud y por fin cayó la noche. Cerró el local, bajó la cortina y cuando se giró lo vio esperándola, apoyado contra una farola fumando al amparo de la luz tenue.
Caminaron presurosos buscando un rincón oscuro donde poder saciar el deseo incontrolable de besarse.
Ella no podía dejar de mirarlo de soslayo, hipnotizada por esa mirada de fuego que la hacía temblar.
La energía magnética que emanaba ese hombre cautivador era casi tangible.
La antigua puerta con herrajes de hierro de un caserón apartado los ocultó en las sombras de la noche y los agitados alientos se buscaron ciegamente.
Él tanteó su boca abrasadora, los labios llenos de vida y la apretó contra su cuerpo envolviéndola entre sus brazos, respirando su aliento, mordisqueándole los labios con urgencia.
Ella, cerró suavemente sus ojos entregada al placer de sentir un terciopelo candente y húmedo acariciar su boca y bajar con deleite por su cuello blanco y sensual.
Se dejó llevar, abandonada como en un sueño.
Sintió como succionaba su cuello y pensó en las marcas que quedarían como recuerdo de esa noche.
Intentó levemente retirarlo un poco, pero la boca seguía su ritual.
Forcejeó contra ese cuerpo que la oprimía pero no pudo apenas moverlo.
El placer y el miedo se aliaron en un solo instante.
Un solo momento de claridad que la hizo recuperar los sentidos.
En el preciso segundo en que como implacables estiletes dos colmillos helados se clavaron dolorosamente en su cuello.
Un solo y único momento de terror y placer.
Y luego el sueño. La profunda caída hacia la oscuridad absoluta. Fría. Letal. La nada.
Condenada a vagar por la eternidad con las marcas delatoras en su cuello.





Ginebra, realiza un exquisito trabajo con nuestras participaciones, con tanto amor y respeto que solo puedo darle las gracias y sentirme orgullosa de participar.



sábado, 6 de enero de 2018

El viajero oscuro


Lo sintió llegar como una corriente helada tan temida y conocida apenas se sentó en el coche. Cerró los ojos apoyándose en el respaldo, intentando inútilmente que no la invadiera.

Pero la sombra crecía a medida que se acercaban al aeropuerto.

Una forma oscura y temible agazapada en cualquier rincón, esperándola, acechándola.

Esta vez había subido al coche con ella; otras, aparecía cuando facturaba el equipaje, y muchas, asaltándola en medio del sopor producido por las pastillas, cubriéndola de un sudor helado. Incluso alguna vez, creyendo que por fin había logrado derrotarlo, cuando llegaba al asiento del avión, la esperaba con esa risa siniestra que golpeaba su corazón asustado.

Y se hacía dueño de ella, la traspasaba como si fuera transparente y permeable, le sugería con aliento letal terroríficas imágenes de sangre y hierros retorcidos y cada vez que el avión se movía, o escuchaba algún ruido extraño, sentía aterrorizada como un dedo frío y esquelético trepaba por su espina dorsal helándole la sangre y los huesos, quitándole el aire del pecho, ahogándola de pavor.

Unas garras filosas le atenazaban la garganta sin dejar que el oxígeno bajara a sus pulmones.

Esa tarde volaba con él clavado en sus entrañas como una sanguijuela hambrienta.

En su angustia se aferraba a los apoyabrazos, con los labios apretados , intentando alejar todos los fantasmas que bebían de su náusea.

Las horas transcurrían con lentitud dejándola desolada y tensa, aún sabiendo que todo estaba bien y que no había peligro.

Sin embargo él se encargaba de hostigar su alma cada vez que lograba relajarse lo suficiente como para aquietar el latido furioso de su corazón.

Solo ansiaba llegar de una vez, refugiarse en su coche y sentirse viva de nuevo.

El avión perdía altura sacudiéndose un poco ,vibrando a medida que se aproximaba a la tierra y ella respiraba agitada esperando el momento en que anunciaran que podían levantarse de sus asientos y acabar con esa pesadilla.

Cuando por fin pudo incorporarse su cuerpo aún temblaba, y respirando hondo ,se dio cuenta de que él había desaparecido. Como siempre. Hasta el próximo vuelo.

Recogió el equipaje y se dirigió a su coche ligera pero agotada.

Condujo por la autopista , segura y feliz de volver a casa. Mientras tanto escucharía algo de música para relajarse, así que desvió la mirada hacia la radio para buscar la sintonía.

Repentinamente sintió en su mano el conocido tacto viscoso y frío... era él. Pero ¿cómo podía ser?

Desconcertada miró hacia los costados y por el retrovisor buscando lo invisible, sin fijarse en el camión que venía en sentido contrario.

Ninguna respuesta llegó a tiempo, oyó tan solo esa risa gutural.

Un segundo antes de que su cabeza se estrellara contra el parabrisas.

Un segundo antes de que lo entendiera todo.


(Relato recuperado)
(imagen recogida en Google)